El Mito de Artema
"Si la luz del Olympo no llega a este reino de sombras, entonces yo me convertiré en su oscuridad. Y de esa oscuridad surgirá la luz."
La Diosa que Observaba
En las cumbres del Olympo, donde la luz del sol coronaba templos de mármol, una joven diosa llamada Artemisa pasaba sus días contemplando el mundo de los mortales. Sus risas, sus lágrimas, sus guerras absurdas y sus amores imposibles. Veía las almas perdidas entre los reinos — los no muertos, los olvidados, los que no pertenecían a ningún lado — y sentía algo que los otros dioses habían olvidado hace mucho: compasión.
La Traición del Olympo
Con el corazón cargado de propósito, Artemisa se presentó ante los grandes dioses. Les habló de los mortales, del sufrimiento de las almas atrapadas entre mundos. Y los dioses, desde sus tronos de indiferencia, se rieron. "¿Por qué deberíamos preocuparnos por las sombras?", resonó como un trueno. Los seres que creía encarnación de la justicia no eran más que guardianes egoístas de su propio poder. Su fe se hizo añicos.
El Descenso
Vagó sin rumbo mientras su luz se atenuaba con cada paso. Las columnas del cielo se disolvieron tras ella. Su camino la llevó más allá de los bordes del Edén, atravesando las montañas de un reino de crepúsculo perpetuo: el Purgatorio. Allí no había templos ni altares de oro. Solo almas llorando por vidas que ya no podían vivir, anhelando un toque, una palabra amable, un momento de paz.
El Nacimiento de Artema
Si los dioses no ayudaban a las almas olvidadas, entonces ella lo haría sola. Abrazó la oscuridad — no como agente del mal, sino como un manto para proteger a los desamparados. Su arco, antes símbolo de la caza divina, se convirtió en herramienta de protección. Sus flechas ya no quitaban la vida; defendían a los que ya la habían perdido. Dejó de ser Artemisa. Se convirtió en Artema, Guardiana de los Penitentes.
Reina del Crepúsculo
Los no muertos que vagaban sin rumbo encontraron consuelo en su presencia. Ya no estaban solos. Aunque el Olympo la desterró de su memoria, la leyenda de la diosa de cabello luz de luna fue susurrada para siempre en el reino de los penitentes.
"Así nació Purgatory: no un castigo, sino un refugio forjado en la oscuridad por alguien que eligió quedarse."